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El otoño y los abrazos.
Me gusta el otoño. Pasear por la calle con tu abrigo, tu bufanda (a juego con los guantes a ser posible) y un bonito gorro. Esa calidez bajo la ropa consciente de que más allá de ella hace frío. La protección. La nostalgía.
Los abrazos, que por naturaleza adoro, son más reconfortantes cuando hace frio. Siempre me han encantado los abrazos, abrazar larga e intensamente, como si pudiera grabar en mi piel la sensación que me invade, como si pudiera parar el tiempo unos segundos, un momento.
Melancolia.
Es doloroso abrir la puerta a los recuerdos, no importa tanto si se trata de momentos mejores; puede que ahora tu vida esté mejor que entonces, pero siempre vas cerrando puertas, vas dejando gente atrás, personas queridas de las que se separa nuestro camino. Entonces duele revivir cada recuerdo, nos abruma la melancolia. Pero eso es la vida al fin y al cabo ¿no? caminamos y caminamos y, aunque lo anhelemos fervientemente, no todas las personas que queremos siguen nuestro mismo camino hasta el final.