De lo que pasó un finde de septiembre de 2007.
Un viernes por la tarde te diriges a un autobús en medio de un “diluvio”. Ya en marcha una sonrisa y la mirada perdida en el horizonte, gesto usual al comienzo de un viaje, aunque sólo sea una escapadita de fin de semana. 48 horas después, de nuevo en una estación, una amigo, un ángel caído del cielo, te detiene momentos antes de montar en el bus y te cuenta ese secreto que lleva meses callando, ese misterio que lleváis meses esperando que sea resuelto. La sorpresa te invade y no eres consciente de los que acabas de oír, pero su mirada brillante te dice que es cierto y su ilusionada y victoriosa sonrisa te gritan que es real. De repente, una despedida en la que ya sabías que ibas a llorar se convierte en un mar de lágrimas; la tristeza de la despedida se ha mezclado con la felicidad de la noticia. Y esas palabras confirmándote que cuenta contigo… Vuelves a estar en marcha, de nuevo ese gesto también usual a la vuelta de un viaje, aunque sea una breve escapada; la sonrisa, ahora radiante, y la mirada en el horizonte, ahora empañada por felices lágrimas. No es para menos cuando tu amigo, aquel ángel que cayó del cielo, te regala la posibilidad de que uno de tus más ansiados sueños, uno de los más imposibles, se haga realidad y además compartiéndolo con esos amigos que tanto quieres y tan importantes son en tu vida. Claro que no es para menos, claro que no es de extrañar cuando tu corazón está bailando la conga con todas esas emociones y tu mente cantando a grito pelado que cómo es posible tanta felicidad.
Laura Díaz ("Ventipoco" de noviembre 2007).
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Autor: Marina
Jo, yo no estaba alli para ver tu reaccion, aunque puedo imaginarmelo (tampoco estuviste tu para ver la mia XD)
Fecha: 24/01/2008 20:55.
Autor: Laura
Si fue una pena no ver nuestras mutuas reacciones, pero weno, lo importante es el proyecto. BESOS
Fecha: 25/01/2008 00:19.
Autor: Marina
Fecha: 25/01/2008 10:39.
